Mi vida como esclavo

Durante los últimos cinco meses he vivido como un esclavo. Así se llama a quien trabaja sin cobrar ninguna remuneración por su esfuerzo. 

¡Oh! al contrario de los esclavos de las antiguas plantaciones del sur que salen en Lo que el viento se llevó, yo no estoy atado a ninguna hacienda, ni recibo latigazos.


Pero también es cierto que los esclavos recolectores de algodón recibían cada día su ración de comida y una cabaña en la que atecharse de manos del amo mientras que yo, aún sin recibir mi salario, tengo que seguir pagando mi alimentación y mi hipoteca.

Mi esclavitud nace cuando mi actual amo, el presidente de Asturias Francisco Álvarez Cascos, decide retener el pago de un crédito al ente de radiotelevisión autonómica el pasado verano. La consecuencia para los trabajadores llegó en septiembre cuando las diferentes productoras que tienen contratos con el ente llegaron al límite y nos comunicaron que no podían seguir pagándonos el sueldo. 

Eso sí, el contrato había que cumplirlo, a rajatabla, o perderíamos nuestros derechos laborales, sería causa de despido procedente y no solo nos arriesgábamos a perder los salarios adeudados sino también las correspondientes indemnizaciones una vez que el amado líder nos enviara al paro. 

No se trató de un proceso sencillo, lo cierto es que el gobierno de Cascos comenzó negando que hubiera tal impago, luego pasó a justificarlo diciendo que se hacía para no cerrar hospitales, luego que no tenía nada que ver con el asunto. El blog de los trabajadores ha recogido en un gráfico todas esas contradicciones.

Trabajar sin cobrar es muy duro y, aunque resulte una obviedad, le cuesta dinero al trabajador. Debo insistir en esto porque no resulta infrecuente toparte con fanáticos que aún niegan que todo esto esté ocurriendo, y que, cuando se les presentan todas las evidencias, vienen a decir que no es para tanto. 

Lo peor es el primer mes (que en general nos ha costado a todos muchas noches de insomnio, depresión y una drástica reducción de peso, no tanto porque nos falte de comer, sino porque se te quitan las ganas de llevarte nada a la boca), luego te vas acostumbrando hasta que la rabia te mantiene en pie. 

Durante todos estos meses mi única fuente de ingresos ha sido el pago de las tres columnas de opinión semanales que publico en La Voz de Asturias, desde que Público se declaró en concurso de acreedores tampoco recibo ese peculio.

La retención de crédito decidida por Cascos fue posible porque, debido a los decretos anticrisis de la pasada legislatura se había permitido al Ejecutivo tomar decisiones sobre los presupuestos que antes estaban en manos del Parlamento. 

Como Cascos no tiene mayoría en la cámara, y además ésta es una situación de manifiesta injusticia, los grupos de la oposición aprobaron una ley que devolvía esas capacidades a la Junta General e instaba al Gobierno asturiano a efectuar esos pagos. 

Pero como lejos de tener un objetivo de ahorro, o de gestión austera de las cuentas públicas, se trata (no hay otra forma de decirlo) de una expresión de puro hijoputismo, Cascos decidió retrasar una vez más los pagos llevando la ley a un tribunal ordinario (pese a sus bravatas no tiene capacidad para recurrir al Constitucional) bajo la figura del procedimiento de lesividad.

Un trampa recurrente es que haya quien trate de justificar toda esta circunstancia con el argumento del despilfarro público, sobre el modelo de gestión de un ente público de comunicación o, directamente, si deberían existir las televisiones autonómicas. 

Dejadme responderos de la manera más concisa posible: me importa un cojón. Aquí no estamos hablando de ninguna de esas cuestiones, todas legítimas y perfectamente discutibles, sino del pago de los salarios a los trabajadores que siguen trabajando y cumpliendo su contrato. 

¿Otro modelo de gestión es posible? Seguro que sí, ¿debería desaparecer o privatizarse la RTPA? Discútanlo en el parlamento. Mientras tanto paguen los salarios a los trabajadores. Punto. Esto no debería admitir discursión.

Pero el caso es que sí la admite, ¿por qué? ¿cómo hemos llegado a esta situación? Explicar la victoria de Cascos en Asturias requeriría un artículo mucho más largo y detallado. Me saltaré mucho de lo relevante y haré un brevísimo resumen: en el verano de 2010 se inician los rumores de que el ex ministro de Fomento desea volver a la política activa en Asturias. 

En un primer momento el PP asturiano en pleno acoge la posibilidad con enorme regocijo; luego al concretarse en las reuniones internas sus planes para hacer una poda severa de buena parte de la dirección regional y, sobre todo, chocar de frente con los planes de expropiar un parking subterráneo perteneciente al grupo Masaveu por parte del alcalde de Oviedo (el líder de facto, aunque no de cargo del PP astur) todo termina con ruptura. 

En nochevieja Cascos anuncia que deja el PP y su intención de fundar un nuevo partido que llevará, muy descriptivamente, como siglas las iniciales de su nombre y apellidos. Todo su proyecto se basa en la creencia, sostenida a pie juntillas de sus seguidores, de que se trata de un hombre providencial al que la comunidad autónoma le cabe en la cabeza.

En otras circunstancias esto no hubiera tenido mucho recorrido, pero ocurrió en plena debacle nacional del PSOE (que gobierna Asturias desde hace 12 años) y en el fragor del 15M, con las calles llamando a castigar con dureza a los dos principales partidos, PP y PSOE. 

Los conservadores recibieron lo suyo, el PP perdió casi la mitad de los escaños que tenía en Asturias y el PSOE, aunque ganó en votos, quedó un escaño por detrás de FAC debido a la Ley D'Hont (en el Principado hay tres circunscripciones). ¿Quienes votaron a Cascos? A mi modo de ver hay tres sectores sociales cruciales en estos resultados. 

El primero y principal sostén del partido, es la falange más conservadora del PP asturiano que idolatra a la principal de sus figuras políticas; hay también un votante joven, muy joven, para quien la era ZP es casi toda su vida, quizá tenía 10 años en los atentados del 11M y llegó a la mayoría de edad en plena Gran Recesión. 

No guarda recuerdos de la legislaturas de Aznar y tampoco identifica a Cascos con sus gobiernos, cree que es un outsider.

Esta foto en la segunda manifestación del 15M de Asturias celebrada en Gijón es una muestra. Pero el tercer grupo de votantes es el más interesante, porque es el que explica el apoyo social a los impagos y porque, de algún modo, su pensamiento es extrapolable a todo un grupo de votantes en España que hoy defiende una estrategia de suicidio social irreflexiva que no tiene respuesta gracias a algo parecido a la espiral del silencio

En esencia este grupo está formado por profesionales liberales y pequeños empresarios, comerciantes y hosteleros (al menos aquí en Asturias). Su idea es que son el único grupo social que trabaja realmente y que el resto son parásitos. Lo son, desde luego, todos los funcionarios sin excepción a los que achacan una pereza sin límite, unos privilegios laborales fantasiosos y un afán burocratizador que limita sus actividades. 

También consideran parásitos o un gasto prescindible cualquier empresa que dependa de la administración porque identifican el sector público con la corrupción y el despilfarro. Por extensión, todos los asalariados son también caraduras dados al absentismo y a la irresponsabilidad ya que solo ellos son emprendedores, creadores de empleo y sufridos autónomos. 

Guiados por el miedo en época de depresión económica sostienen la ilusión de que, de algún modo, si se recortan hasta el raquitismo todos los gastos públicos les tocará más a ellos, en un proceso de magia simpática que, obviamente no funciona así.

En una discusión reciente una señora me preguntó cuántos trabajadores estábamos afectados por los impagos en la televisión asturiana. Le dije que unos 600 o quizá más. Su respuesta fue ¿no son demasiados 600 periodistas para una televisión asturiana? Me quedé de piedra y le contesté. Es que no somos 600 periodistas, quizá no llegamos a un centenar. 

En el ente trabajan redactores, pero también cámaras, técnicos de imagen y sonido, electricistas, carpinteros, guardias de seguridad, maquilladoras y peluqueras, por poner solo algunos ejemplos. Este grupo social se guía por tópicos y eslóganes y una especie de resentimiento de que un imaginario injusto reparto no acaba de reconocer su maravilloso mérito; y no comprende realmente que la economía es interrelación. 

Realmente le cuesta comprender que ese grupo de parásitos entre funcionarios, empleados y proveedores de la administración o asalariados son la masa de consumidores de sus pequeñas y medianas empresas. No lo entienden; y quizá solo lo hagan cuando sea demasiado tarde.

Esta concepción basada en prejuicios y el temor, en la superstición de que hay un mundo "normal" que les ha sido arrebatado por las subvenciones y los transexuales de la cinematografía de Pedro Almodóvar; es la que ha permitido desarrollar a Cascos en Asturias su política de vendetta y destrucción de todo lo que había antes de su llegada. 

Porque el balance de Cascos en su primer medio año de gobierno no ofrece una sola acción creadora sino una denodada actividad de desmantelamiento. Ya sea contra la televisión (magnífica pantalla que utilizar como diana mientras se mantienen otros impagos a proveedores médicos en hospitales o cierre de escuelas rurales); contra el centro cultural Oscar Niemeyer de Avilés; o la semana pasada el Festival Internacional de Cine de Gijón

Todo son chiringuitos, todo un nido de corruptos y vividores.

¿Puede mantenerse mucho tiempo esa estrategia de tabula rasa a cambio de nada, sin una sola acción positiva? Por un tiempo sí, gracias a ese grupo social al que nadie responde porque lo que veníamos llamando con mejor o peor suerte izquierda está conmocionada, aniquilada realmente. 

Desde los partidos, a los sindicatos y organizaciones civiles. Pero además comienza a crecer la sospecha de que Cascos nunca quiso ganar las elecciones, que esperaba un resultado poderoso, desde luego superar a PP asturiano y plantarse con fuerza en el parlamento. Pero en la situación inversa a la que ahora se encuentra. 

El sueño era un gobierno en minoría muy minoritaria del PSOE quizá volviendo a pactar con IU, contra el que se podría llevar a cabo una oposición devastadora que le catapultara a un escaño seguro en el Congreso en las elecciones generales. 

Pero no ocurrió así, se vio forzado a formar gobierno sin un equipo capacitado y no pudo presentarse él mismo el 20N por vergüenza torera después de haber conseguido la presidencia de la comunidad. Saltar a Madrid en esas condiciones hubiera sido un escándalo que dejaría vacío todo su discurso regional. 

Incapaz, por el momento, de llegar a acuerdos con el PP, Cascos ya no desea construir una nueva Asturias y se contenta con reducir a escombros y rebajar a los cimientos a la que ya había antes, consciente de que antes o después, esta aventura terminará con un final infeliz para él. 

Pero, ¡qué narices! a sus ojos él es un Sansón y todos los demás filisteos, que perezcan bajo el derrumbe de sus columnas.

En esa lucha de poderes en la sombra, de poseedores de parkings, de empresas constructoras, de corporaciones de Madrid llegadas de la mano de Esperanza Aguirre, se encuentran atrapados los currelas que apenas ganaban mil euros y ahora nada.

Todos ya llamados Kunta Kinte.

Fuente: Lordismo

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