Los líderes no hablan, actúan


López de Uralde (Fundador de EQUO) disecciona el devenir de las «grandes citas» contra el cambio climático.

Se celebra la Cumbre de Durban en un ambiente de escepticismo, muy lejano del optimismo que rodeó a la reunión de Copenhague en 2009. Aquella cumbre, sin embargo, terminó en medio de una decepción global de la que el proceso todavía no ha sido capaz de recuperarse.

Las Cumbres contra el Cambio Climático van camino de convertirse en una cita anual de lamentos y decepciones, en las que no se toman decisiones verdaderamente relevantes. Contrastan con el agravamiento del problema del cambio climático, que requiere de una acción cada día más urgente. La causa de estos fracasos repetidos está ya diagnosticada: la falta de liderazgo.

Cuando en diciembre de 2009 entrábamos en la cena de jefes de estado con aquella pancarta que decía «los políticos hablan, los líderes actúan» éramos poco conscientes de hasta que punto aquel eslogan haría historia en el ámbito de la lucha contra el cambio climático.

La falta de liderazgo no se debe a que no haya talento entre los líderes mundiales. Es consecuencia de la falta de voluntad política para reconocer el problema y hacerle frente. El cambio climático está causado por la quema de combustibles fósiles: petróleo, gas, carbón. Lo que está en juego en realidad – y así lo reconoció hace ya dos años la Agencia Internacional de la Energía (AIE)– es el modelo energético. La AIE ha hablado en Durban con contundencia: queda sólo una década para transformar el mix energético en uno basado en las energías renovables.

Recientemente, Yvo de Boer, anterior responsable del proceso de Naciones Unidas contra el cambio climático, reconocía en una entrevista en El País que los políticos no creen en el potencial de la economía verde. En momentos de crisis como el que vivimos el liderazgo precisamente consiste en eso, en buscar caminos alternativos por los que transitar para buscar que la sociedad avance. A día de hoy, ese camino pasa por la economía verde… No hay otro.

La salida de la crisis económica debe ir de la mano de la búsqueda de soluciones a la crisis ecológica. No hay salida si continuamos deteriorando nuestro entorno. Los impactos ya no se limitan al Ártico o a los glaciares. El cambio climático está impactando sobre aspectos tan sensibles y cercanos como el precio de los alimentos. Dicho de otra manera: está ya siendo causa de mayores hambrunas, y sólo está comenzando.

Es tiempo de líderes y de cambios. Ciertamente esos cambios no se producen de un día para otro, pero es necesario que se abran nuevos tiempos en los que la lucha contra el cambio climático deje de ser una historia decepcionante, para convertirse en una oportunidad de auténtico progreso global.

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