Descubre todas las caras del caso Wikileaks

Descubre todas las caras del caso Wikileaks


La persecución en contra de Wikileaks abre el debate sobre el gobierno de internet y plantea preguntas acerca del tipo de red de redes que tendremos en un futuro: será una red totalmente abierta o manejada por las instituciones gubernamentales.

Esa noche no cerré los ojos”, contó un amigo después de ver un desgarrador vídeo por internet que mostraba la masacre perpetrada por militares de EE.UU. contra civiles en Iraq. Las imágenes fueron en su día distribuidas por Wikileaks hace ya varios meses y significaron el primer revolcón importante para este país por parte de Wikileaks.

Más allá del horror y el desprecio que produce el video, la idea de que era algo revelado, que aparece como las imágenes de una foto mientras están sumergidas en el químico revelador de un cuarto oscuro, como por arte de magia, constituye una metáfora de lo que Wikileaks ha significado.


Wikileaks sería el químico revelador que aprovecha internet para publicar material incómodo para la institucionalidad. De hecho es lo que afirma Julian Assange cuando indica que debemos aprovechar la tecnología para revelar algunas actuaciones de los Estados en formas que antes eran imposibles.


Wikileaks es un medio de comunicación que desde 2006 se presenta como organización sin ánimo de lucro que difunde por la red documentos originales de fuentes anónimas y filtraciones.


Inicialmente Wikileaks  se trataba de una verdadera arquitectura wiki, distribuida, descentralizada, y en la que cualquiera podía editar el contenido. Pasó por una etapa de presentación de información dentro de las líneas políticas profesadas por la organización y en la actualidad, con la divulgación de los cables de la diplomacia de estados Unidos, ha entrado en una nueva fase, puesto que no revela los documentos en bruto, ni los dispone para su libre edición

Los cables son publicados a través de los filtros de cinco periódicos de Europa y EEUU, entre los que se encuentra El País, a los que Wikileaks entregó los más de doscientos mil documentos pertenecientes a los cables que había recibido de su fuente, pero sólo los que superan el filtro pasan a manos del público a través de los sitios web y diarios escritos de estos medios de comunicación y desde la web de Wikileaks.


Este es el punto que más ha ocupado a la opinión pública y sobre el cual la incidencia será más evidente, ya que se trata un asunto tan delicado y representativo de los países democráticos como la libertad de prensa y el derecho a la información. No es algo nuevo decir que con internet, con las bitácoras, blogs y las redes sociales se facilita que contenidos desarrollados por periodistas ciudadanos no sólo tengan una mayor difusión, sino también mayor número de distribuidores y colaboradores dispuestos a ayudar sin animo de lucro.


Somos testigos de que esta realidad potencia la voz de miles de personas que sin pretender ser periodistas dan su opinión, publican lo que consideran relevante y lo comparten con el inmenso potencial que la red ofrece.


Wikileaks demostró que a otra escala de poder también es factible compartir algo que es de interés público, más allá de moralismos de si está bien o mal el compartir información confidencial e incluso secreta de los gobiernos o entidades, estamos seguros de que la discusión acerca de este tema debe prestar su atención sobre la idea de lo que significa un mundo sin secretos y preguntarse si fenómenos como éste están comenzando, quizá, a romper la estructura del Palacio de Cristal de Dostoievski y de Sloterdijk. Esto puede ser un tema ajeno para muchos, pero tiene consecuencias trascendentales en las dinámicas de producción, colaboración y comprensión de la información.


Más difíciles de entender por sus tecnicismos, son los aspectos que ha evidenciado este caso en relación con la gobernabilidad de internet y del manejo como tal de internet, lo que obliga a pensar también en algunas formas de uso del poder.


Para intentar acallar a Wikileaks, después de la publicación de los controvertidos cables se iniciaron una serie de ataques a través de la propia estructura de la red.


Una de las primeras situaciones de presión que se iniciaron consistió en que las DNS de Wikileaks dejaron de funcionar de repente, impidiendo a la gente llegar al contenido del sitio. El DNS o nombre de dominio es el nombre de un sitio web, en este caso wikileaks.com, que se asocia con una dirección IP (213.251.145.96), permitiendo ubicar la información del sitio concreto, aunque la información esté alojada en un servidor.


Nada más se hicieron públicos los cables, el nombre de dominio de Wikileaks dejó de funcionar y, por tanto, desde entonces la única forma de acceder al sitio es la poco amigable dirección IP o las webs espejo en donde se duplicó toda la información del sitio original.


Inicialmente se habló de que ICANN, organización que administra los DNS, era la responsable y muchos vieron cómo se confirmaba su temor respecto al riesgo de presión que puede sufrir una organización por parte de los DNS, sin embargo, en este caso se explicó que el administrador de este dominio, en concreto EveryDNS, había decidido suspenderlo por la cantidad exagerada de demandas de acceso que suponía un ataque DDOS, que es hacer inaccesible el contenido de una página en la red por exceso de peticiones.


El dominio de Wikileaks sigue sin funcionar, por lo que la pregunta es si, a pesar de que ya ha pasado un margen de tiempo suficiente, se continua manteniendo la justificación técnica, y surgen también cuestiones sobre de dónde provenían los ataques, o si hay en este caso presiones del gobierno de EE.UU. que no permiten su funcionamiento.


Y como el contenido de cualquier web debe estar alojado en servidores, otra situación a la que se enfrentó Wikileaks  fue la negación del servicio por parte de su proveedor de internet, lo que obligó a trasladar toda la información provocó un gran movimiento de apoyo y solidaridad de quienes alrededor del mundo ofrecían hospedar el material, por lo que si la intención primaria era el cerrar la boca de Wikileaks esta claro que se ha conseguido el efecto contrario.


Ahora bien, incluso en otros ambientes no involucrados directamente, los inconvenientes continuaron, algunos sitios importantes que difundían el contenido total o parcialmente, lo suspendieron alegando problemas, violaciones al reglamento o simplemente problemas técnicos, como fue el caso de Twitter o Facebook, o directamente reconociendo las presiones directas, como la llamada del vicepresidente de EE.UU a Amazon.


Lo que ha sucedido con Wikileaks durante estas últimas semanas pone de manifiesto grandes problemáticas al respecto del futuro de internet tal y como lo conocemos.


La idea de que se puede acallar un medio en internet utilizando la arquitectura de la red o las presiones, nos obliga a pensar sobre como se utiliza el poder en internet, cómo entonces se podrá garantizar la neutralidad o el derecho a expresarnos libremente en ella, y cómo podemos calificar la reacción de todos aquellos que se sintieron agredidos y legitimados en una respuesta vandálica.


Nos preguntamos también cómo nos planteamos la discusión sobre lo que es público. Parece diferente la situación de cancelación del DNS a la de retiro de la cuenta de Facebook, ¿sería entonces el primero la negación en la prestación de un servicio público, en tanto que el segundo una cancelación de permanencia en un club?


Finalmente no podemos dejar pasar la polémica que existe este caso por las acusaciones de violación a dos mujeres en Suecia que tienen a Assange a un paso de la cárcel, el tema es muy complicado, pero que Naomi Wolf, el 13 de diciembre en el Huffington Post, aclara para nuestro beneficio, diciendo que la presión y atención judicial y diplomática que este caso ha recibido, son una falta de respeto frente a la impunidad que es común en miles de casos de violaciones a mujeres en contextos asociados tanto a situaciones de guerra como de abuso familiar.


La detención de Assange tiene todos los ingredientes necesarios para ser una gran cortina de humo y esto ofende no sólo a quienes respetamos la justicia como una herramienta que debe ser ejercida con igualdad y honestidad, y no como un pretexto descarado a favor de un gobierno que busca cobertura a prácticas inaceptables en sociedades democráticas, sino también a todos aquellos que a diario trabajan para que la justicia llegue a todos y cada uno de sus casos.

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